28 may. 2010

TELEVISIÓN EDUCATIVA

La semana pasada hice un experimento sociológico en mis propias carnes, me propuse ver la tele todos los días y tragarme la programación, y no se pueden imaginar con que mal cuerpo me quedé. Resulta que la “musa” televisiva del momento es una señora que por casarse con un torero se ha convertido en todo un icono en la televisión de este país. Sí, me refiero a Belén Esteban, más conocida como “la Esteban”. Esta mujer, que habla por los codos, se ha ganado un sitio en los programas de cotilleo y hasta es capaz de ganar concursos de baile, ahí es nada.
La calidad de la tele, por lo general, es dudosa, solamente con echar un vistazo a la parrilla televisiva se da uno cuenta de la clase de Televisión que tenemos.

Al Gobierno le viene muy bien esta telebasura, porque entretiene y distrae a la gente, los aliena de una manera perfecta para que no pensemos en otras cosas mucho más importante. Así que entre el Fútbol y la Televisión la gente está controlada. Como se suele decir, “pan y circo para el Pueblo”.

Pero no solamente se hace telebasura en los programas de cotilleo, sino que en los de política también. Prueben ustedes a poner el canal Intereconomía, yo lo hice y tuve pesadillas por la noche. Cómo se puede tergiversar y falsear de esa manera, cómo se puede mentir descaradamente al público en interés de unas determinadas posturas políticas, en el caso de esa cadena, posturas peligrosamente derechistas. Pero el otro bando, el llamado “socialista” , también tiene sus cadenas afines. Prueben a poner La Sexta o Cuatro a la hora de los informativos y verán. Por lo tanto, en la televisión no existe una información veraz e independiente, sino todo lo contrario.

Pues lo que les contaba, que entre los programas de alcahueterías y la información sesgada o exagerada según quién la cuente, y varias cosas más, pocos son los programas de la tele que se salvan. Al final coincido con el gran Groucho Marx cuando decía eso de: Considero la televisión muy educativa, en cuanto alguien la enciende me voy a leer un libro. Pues eso.

Miguel Ángel Rincón Peña

14 may. 2010

AQUELLOS MARAVILLOSOS OCHENTA

En algún que otro artículo he comentado que suelo colarme por las llamadas redes sociales que pululan por Internet, con la intención de leer lo que piensan los internautas, y para qué nos vamos a engañar, la mayoría de las veces son pequeñas chorradas adolescentes queriendo mostrar un determinado estado de ánimo. Sin duda es una manera de expresión con la que antes no contábamos.

En una de esas redes, pude encontrar una interesante opinión a modo de reflexión de una amiga, en la cual expresaba su añoranza por los años ochenta. Se centraba, entre otras cosas, en la música Pop. En aquel boom cultural que supuso “la movida” y en todos los grupos que salieron de ahí y de otros muchos que fueron surgiendo en esa década.

Lucía (maestra y sin embargo amiga e internauta), también recuerda en su red social aquellas tardes viendo Barrio Sésamo, con Espinete y don Pimpón y sus aventuras. Las mañanas de sábado viendo La bola de cristal (aún estoy esperando que alguna televisión sea capaz de realizar un programa que le llegue siquiera a la suelas de los zapatos al que presentaba Alaska en sus tiempos mozos.). La verdad es que La bola de cristal se merece un artículo aparte para hablar de todo lo que supuso. Un programa que trataba a los niños como personas y no como extraterrestres. Aún recuerdo al gran Santiago Auserón o a Kiko Veneno disfrazado del monstruo de Frankenstein.

Lucía no está equivocada en sus añoranzas, forma parte de esa gran corriente que opina que la música que se hacía antes era mejor que la que se hace ahora. Era música fresca. Radio Futura, Los Secretos, Loquillo, Gabinete Caligali, Los Rebeldes, La Frontera, La Guardia, 091, etc. Muchos de estos grupos aún siguen haciendo música y recorriendo carreteras.

En la actualidad también se hace muy buena música, como en todas las épocas, pero el problema es que la industria no apoya como es debido a los nuevos grupos, prefieren apostar sobre seguro y diseñar un producto rentable, cantantes y grupos prefabricados y Pop enlatado con fecha de caducidad.

Cada época tiene sus cosas buenas y malas, la cuestión es saber quedarse con lo positivo y para ello hay que saber separar el grano de la paja.

Miguel Ángel Rincón Peña

6 may. 2010

BOMBYX MORI

Hay circunstancias, objetos, músicas, etc., que a uno lo trasladan a la niñez, a rememorar aquellos años en que nos creíamos en posesión del preciado don de la inmortalidad. Un tiempo donde fuimos felices jugando con los amigos en la calle, viendo la bola de cristal acompañados con una buena rebanada de pan con nocilla. Esos objetos y esas circunstancias parecen haber desaparecido con la añorada niñez, pero de vez en cuando volvemos a tropezarnos con ellas.

Yo tengo la suerte de compartir trabajo con una de las mejores maestras de educación especial que he conocido (ella dirá que es peloteo, pero sus logros así lo demuestran) y el mes pasado le dio por regalarme una caja de zapatos repleta de gusanos de seda. Ya llevaba tiempo queriendo encontrarme cara a cara con estos gusanillos, pues los echaba de menos. Echaba de menos aquellas tardes subido en las moreras con una mano sujetando la bolsa y la otra en la rama, echaba de menos intercambiarlos con los amigos, ponérselos a mi madre en la mesa (con la consiguiente regañina). Cuando los volví a ver, me trajeron buenos recuerdos.

Ayer mismo, buscando no sé qué en internet, me acordé de mis amigos los gusanos y busqué información sobre ellos. Visité páginas de empresas que se dedican a la venta del “Bombyx mori”, que así se llaman los gusanos de seda científicamente. Treinta gusanos a quince euros. También venden bolsas con hojas de mora. En fin, de todo se hace negocio en esta vida.

Recuerdo que yo se los cambiaba a un amigo por chucherías, porque yo era incapaz de recordar dónde había guardado la caja con los huevos, con lo cual, perdía los nuevos gusanitos de un año para otro y tenía que buscar a mi amigo, que sí recordaba dónde guardaba sus cosas.

Los gusanos de seda pueden ser también un buen material didáctico para las escuelas, enseñando un ciclo biológico completo, con sus diferentes etapas, hasta llegar a la metamorfosis. Son unos animales que no transmiten enfermedades y son muy fáciles de cuidar, por lo que son ideales como pequeñas mascotas para los niños (y no tan niños).

Este año pienso poner la cajita en un lugar bien visible, para que en la primavera que viene, vuelvan los “Bombyx moris” a recordarme mi niñez.

Miguel Ángel Rincón Peña