23 feb. 2012

VUELVEN LOS GRISES

Se me hace inevitable escribir esta semana sobre los desafortunados sucesos que acaecieron, a lo largo de esta semana, en Valencia. El movimiento estudiantil decidió salir a la calle a manifestarse en contra de los recortes a la Educación, y así lo hicieron. Algunos de ellos cortaron una calle y fue entonces cuando efectivos de la Policía nacional entraron en acción. Mediante las televisiones y también por internet, gracias a videos subidos por los propios estudiantes, pudimos ver cómo miembros de la Policía nacional se extralimitaban y reprimían a palos, patadas y empujones a todo el que pillaran delante, fuera estudiante, padres, o viandantes que pasaban por allí en aquel momento. Lamentable ver imágenes de policías pegándole palos a niños y niñas menores de edad. También es tremendo escuchar al jefe superior de la Policía de la Comunidad Valenciana, Antonio Moreno, calificando a los estudiantes como “el enemigo”, haciendo gala de una actitud chulesca y fascista.

¿Se imaginan ustedes que esas acciones policiales de represión contra el movimiento estudiantil hubieran sucedido, por ejemplo, en Cuba o en Venezuela? Ahora todos los medios de comunicación españoles estarían dedicando tiempo y recursos a criticar esas terribles dictaduras que reprimen ferozmente a jóvenes estudiantes. Así somos de hipócritas en este país.

En realidad, los estudiantes de Valencia nos han dado toda una lección de lucha al conjunto de la ciudadanía, que parece estar aletargada y sin sangre en las venas. Da igual que los Bancos, con la complicidad del Poder, desahucien a familias enteras de sus hogares, da lo mismo que suban los impuestos a los que menos tienen, da igual que haya cinco millones de personas paradas, da lo mismo que más de once millones de personas estén en riesgo de pobreza en España. Y mientras, los sindicatos mayoritarios CCOO-UGT, subvencionados hasta decir basta y con sus estómagos llenos. Pocas ganas tienen de protestar, no sea que el PP les quite las asignaciones económicas y tengan que ponerse a trabajar de verdad. Pues nada, así están las cosas en el muy democrático reino borbónico. Por cierto, España está ya en recesión y se mantendrá en números rojos durante todo el año. ¡Casi ná!

Miguel Ángel Rincón Peña

18 feb. 2012

MIS PASEOS

Me aburren profundamente los charlatanes, esos que se creen más listos que nadie y que lo saben todo. Esos que hablan hasta por los codos y se repiten más que el ajo, con mucha palabrería pero sin ningún contenido. Sin embargo, admiro a las personas que hablan lo justamente necesario. A esos sí que me gusta escucharlos, porque no se andan por las ramas, porque tienen una conversación interesante. Cuando me encuentro con personas así, siempre intento escuchar atentamente todo lo que dicen, porque siempre hay algo que aprender.

Hace unos días, estaba paseando por las calles de un cementerio y me encontré a un abuelete que visitaba la tumba de su esposa. Nos saludamos cortésmente y como quien no quiere la cosa se unió a mi paseo por el camposanto. A paso lento fuimos recorriendo las pequeñas callejuelas mientras me contaba sus historias, tranquilamente, sin prisas, con una lucidez que ya quisiera yo para mi. Y surgió el tema de la crisis, decía que esto le recordaba demasiado a sus tiempos mozos, aquellos años del hambre que vinieron tras la guerra civil. Me contó que una de sus hijas y dos nietos habían vuelto a vivir en su casa, y me decía el abuelo: “la cosa está muy malita, no pueden pagar un alquiler porque están en paro y casi no les llega para comer”. Yo lo iba escuchando y a la vez pensaba en todo lo que habría tenido que pasar este pobre hombre en su tiempo y ahora, después de tanto años, ya con su jubilación y su pensión, tener que estar preocupado por mantener de nuevo a su familia. Una de las cosas que me llamó la atención, fue que me dijo que había vuelto a poner la copa de cisco, esa que se utilizaba antes en los pueblos y que había quedado casi en desuso por la aparición de la estufa eléctrica. Esas cosas le hacen pensar a uno sobre la gravedad de la situación por la que estamos atravesando.
Estuvimos un buen rato paseando y hablando sobre el tema, hasta que llegamos a la salida y se despidió de mí con un cariñoso, “adiós, hijo y que la próxima vez nos veamos en otro sitio más agradable que éste.” Quizá en otro sitio no hubiéramos podido hablar y pasear como lo hicimos en el cementerio, al fin y al cabo, los cementerios son lugares de paz, silenciosos y tranquilos, e invitan a la reflexión. Yo iba a reflexionar sobre el hecho de la muerte y acabé hablando de la crisis. Maldita crisis.

Miguel Ángel Rincón Peña

9 feb. 2012

DONDE DIJE DIGO...

Cuánta razón tiene aquel viejo refrán que dice eso de “Donde dije digo, digo Diego”. Ese refrán cobra verdadera importancia y lucidez cuando lo utilizamos en el terreno político. Y ejemplos tenemos a millones, a nivel local, regional y estatal.

Si empezamos por la política local, ciertos políticos prometieron en la campaña electoral de las municipales, que harían esto y lo otro y cuando llegaron al poder... “donde dije digo, digo Diego”. Lo triste de esto es que mucha gente lo ve como normal, pero no lo es.
A otros niveles también sucede. Antes del 20N, nuestro presidente Mariano Rajoy decía unas cosas y ahora que está en el Gobierno hace otras, y se contradice, pero no pasa nada, porque tiene mayoría y hace y deshace a su antojo.
Hace tan sólo unos días, Patricia Flores, viceconsejera de asistencia sanitaria de la Comunidad de Madrid se preguntaba en un acto público: ¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema? Y se quedaba tan ancha la muchacha. También decía que “hay que pensar que lo sanitario tiene un fin” y advertía que “no podemos comer toda la tarta de un bocado o nos empacharemos.”
En cuanto las asociaciones de enfermos crónicos leyeron estas desgraciadas declaraciones, pusieron el grito en el cielo, y con toda la razón del mundo. La sanidad debe ser un derecho universal, más aún cuando se trata de enfermos crónicos. Nadie es enfermo por gusto, qué más quisieran los enfermos crónicos (entre los que me hallo) llevar una vida sin el lastre de una enfermedad, en principio, para toda la vida, que se dice pronto. Pues bien, se han creado foros en internet pidiendo la dimisión de la señora Consejera por esas declaraciones, y claro, cuando se le ven las orejas al lobo, se tarda poco en decir: “Donde dije digo, digo Diego”, y rectifica y explica que no quiso decir eso, sino esto otro: “hay pacientes crónicos que, por su estado, pueden ser mejor atendidos en una residencia que en un hospital de agudos” Juzguen ustedes mismos.

Lo malo de hacer promesas que no se piensan cumplir, o hacer declaraciones inoportunas y luego desdecirse, es que siempre quedarán plasmadas en negro sobre blanco o en audio/video y se pueden echar en cara después.

Miguel Ángel Rincón Peña

3 feb. 2012

GARZÓN

Me he resistido a posicionarme y a escribir nada sobre el juicio al juez Baltasar Garzón porque había mucho ruido sobre ese tema. Pero ya es hora de hacerlo. Personalmente, no apoyo a Garzón (que tiene un historial que para él se queda), pero indudablemente sí apoyo la causa que las asociaciones de víctimas del franquismo le encomendaron investigar.
Personas particulares y asociaciones de víctimas de la dictadura franquista, denunciaron unos hechos ante el juez. Ese juez lleva por nombre Baltasar Garzón, el cual aceptó y abrió una causa penal para investigar los crímenes del franquismo, circunstancia por la que se enfrenta a una petición de 20 años de inhabilitación por parte del ultraderechista sindicato de funcionarios “Manos Limpias”. Parece que, como es lógico, a la ultraderecha española y a algunos jueces, no les interesa que se investiguen los crímenes que se perpetraron en la dictadura. En España salía muy barato eso de matar y de represaliar a los denominados “rojos”, y muchos culpables, asesinos y torturadores se fueron de rositas, y cuando llegó la transición, esos personajes siguieron paseando por las calles como si nada, incluso ocupando cargos públicos, transformados, de la noche a la mañana en “demócratas” de toda la vida. La transición vino a significar un cambiarlo todo para dejarlo todo igual.
Ahora, las víctimas y sus familiares, organizados en colectivos, piden justicia, reconocimiento y reparación. Pone la piel de gallina cuando los familiares explican lo que pasaron en aquellos tiempos, cómo los falangistas (con nombres y apellidos) sacaron de sus casas a padres de familia, madres, hijos, hermanos y les dieron “el paseíllo”. Enterrados están aún en las cunetas o en las fosas comunes de los cementerios. El aceite de ricino, las rapadas al cero, las torturas sin compasión, la cárcel, los campos de trabajos forzados, etc. Eso pasó en España y son heridas abiertas.
Todos los países que sufrieron dictaduras, emprendieron con la llegada de la democracia, los métodos para depurar responsabilidades y juzgar a los culpables, pero esto es España, y como decía aquel eslogan franquista para atraer al turismo internacional: “Spain is different”.

Miguel Ángel Rincón Peña