30 may. 2013

GENERALIZANDO

Parece que con la crisis se ha puesto muy de moda eso de criticar a los políticos, y no está mal hacerlo, el error es generalizar y meter, por tanto, a todos en el mismo saco. Se escucha demasiadas veces decir lo de “todos los políticos son iguales”, o aquello otro de “todos van a lo mismo, a robar y a enriquecerse”. También, últimamente, mucha gente afirma que todos los partidos son iguales, los de izquierda, derecha y centro. 
Lamentablemente, los que piensan así, suelen ser ciudadanos desencantados con la política actual. En cierta forma, es comprensible ese desarraigo con nuestros políticos, pero creo que deberíamos mirar más allá y ser más objetivos. Hay políticos que ganan millones, que se corrompen a las primeras de cambio, que llevan a cabo medidas ultraconservadoras y mienten como bellacos. Pero también están esos políticos del compromiso social, que defienden los derechos de los trabajadores y son honrados como el que más. El problema que tenemos en este país, es que a los políticos que se alinean con los más desfavorecidos, les cae encima una campaña brutal de descrédito, pensada y ordenada por los poderes fácticos, y ejecutada por los medios de comunicación al servicio del Poder. De esa manera, se hace dudar e inducir a la desidia a la ciudadanía, que ve en la televisión esa campaña de acoso mediático. Pongamos como ejemplo más cercano a Diego Cañamero, un político y sindicalista andaluz que lleva décadas luchando por los derechos de los trabajadores. Junto a otros compañeros, han cortado carreteras, ocupado fincas, expropiado alimentos de primera necesidad a grandes cadenas de supermercados, etc., todo ello para reivindicar mejoras para la clase obrera. Pues a determinados medios de comunicación, con sus campañas de acoso y derribo, no les tiembla el pulso para manipular, mentir y distorsionar la realidad y presentar a, en este caso Cañamero, como una persona peligrosa, demagoga, manipuladora, etc. 
Yo sigo pensando que necesitamos muchos políticos comprometidos con la clase trabajadora, como Cañamero (SAT), como Sabino Cuadra (diputado de Amaiur), como Pedro Romero (alcalde de Espera) y tantas otras personas honradas y cercanas al Pueblo, que no cejan en la lucha por mejorar las necesidades de vida de los ciudadanos. Esos son los imprescindibles. 

Miguel Ángel Rincón Peña 

23 may. 2013

¡VIENEN A POR TODOS!

Cuando parecía que nada podía ir peor en este país farandulero, va Aznar y abre la boca. Ese tipejo de bigote rapado y mente criminal, sale en la tele criticando a diestro y siniestro y anunciando que deja abierta la puerta de su regreso a la política activa. ¡La madre que lo parió, qué tranquila se quedó la pobre! 

Hace un par de días la policía detuvo en su casa a dos periodistas conocidos por sus fotos denuncia. ¿Cuba? ¿Venezuela? ¿Corea del Norte? No, España. Criminalización por todos lados. Represión hasta en la sopa.


Esta es la democrática España del siglo XXI. Este es el país en el cual el partido del Gobierno se niega a condenar la dictadura franquista. ¡Cómo van a condenarla…! 
España, que ni es Una, ni es Grande, ni mucho menos Libre, va cuesta abajo y sin frenos. Mientras que los ricachones, chorizos de cuello blanco, disfrutan de sus cuentas en B, los trabajadores cerramos la boca y abrimos el conducto anal para que el Capitalismo nos sodomice sádicamente una y otra vez. 
Y si algún obrero levanta el puño: terrorista. Y si algún sindicato ocupa las tierras: terroristas. Y si los maestros y estudiantes salen a la calle a defender la enseñanza pública: terroristas. Y si los mineros defienden la huelga lanzando cohetes: terroristas. Como decía aquella canción de S.A.: “Todos somos terroristas para los fascistas”. 

Mientras el Gobierno, la Banca, el Opus Dei y demás escoria, se llenan los bolsillos y ganan cotas de poder, los de abajo seguimos enterrados en el fango hasta las orejas. 
Así, queridos amigos, es cómo funciona este país, desahuciando familias honradas de sus hogares, explotando miserablemente al trabajador que aun conserva trabajo, mandando a la cola del paro a 6 millones de personas, robando derechos a las mujeres, a los estudiantes, a los obreros, a las personas con discapacidad, etc. Es la marca de la casa, la marca España.

Vienen a por todos. Ya va siendo hora de que les digamos a los de arriba: “Hasta aquí habéis llegado”. 

Miguel Ángel Rincón Peña.

FEÉRICOS #19

Todo estaba oscuro allí dentro. Llevaba unos 20 metros cuando empezó a escuchar ruido. Apagó el mechero y pudo ver un punto de luz a lo lejos. El túnel se hacía cada vez más angosto, Antonio casi no podía avanzar de rodillas, así que decidió seguir reptando hacia la luz. Tardó un buen rato en llegar al final del túnel, pero cuando llegó, aletargado por la falta de oxígeno, se inclinó sobre el borde y observó un gran páramo desierto. Todo era gris. Tanto se inclinó para poder ver mejor aquel paisaje que se desplomó sobre unas rocas. Según él, estaría una media hora sin conocimiento. Sólo recuerda que cuando despertó estaba atado a una silla en el salón del viejo caserío. Al mirar al frente se encontró con un extraño ser, no sabía definirlo bien, pero tenía el aspecto de un duende harapiento con cara de pocos amigos. Antonio estaba seguro que aquel ser se metió en su mente, lo hipnotizó con la mirada y de repente empezó a retorcerse de dolor, no un dolor físico, sino algo complicado de explicar, un sufrimiento interno, del alma. Fue como padecer los efectos de una depresión pero multiplicados por cien. Antonio se desmayó. 
Cuando volvió en sí, estaba tendido a las puertas de su casa. Días después de aquella experiencia, empezó a comportarse de una manera muy extraña. Por la noche, tenía pesadillas, veía la cara de aquel duende amenazándolo. Por el día, se dedicaba a dibujar aquellas visiones nocturnas, hasta el punto de enloquecer. Luego todo fue confuso, no recordaba cuando lo ingresaron en el hospital, sólo sabía que de repente se vio sujeto a una cama y sin saber qué estaba pasando. 
Transcurrían los días y seguían las pesadillas, aunque con menos intensidad por el efecto de los sedantes. Hasta que una noche, después de una de las visitas, soñó con las hadas del bosque, fue el mejor sueño que haya tenido nunca. La misma sílfide que cuando era un niño lo salvó de morir en el bosque, le habló, y le explicó que Gremilon, el maligno duende que le atacó, era un ser del inframundo, pero la potente magia que entre todo el pueblo feérico proyectaron sobre Gremilon acabó con él, pues era una amenaza para los habitantes mágicos del bosque y también para los humanos. Desde aquel momento desaparecieron todas sus pesadillas.
FIN. 
Miguel Ángel Rincón Peña

16 may. 2013

FEÉRICOS #18

La doctora decidió dar un descanso a la visita de cinco minutos. Entró un celador con agua para Antonio, mientras la doctora Jarava y yo nos fuimos al pasillo. A unos metros había una pequeña terraza. Salimos a tomar el aire. Desde allí se veía parte del complejo hospitalario y el aparcamiento. Corría una brisa fresca que conseguía erizarle a uno la piel. 
La doctora me preguntó mi opinión sobre la historia que estaba contando su paciente. Parecía bastante intrigada por conocer lo que pensaba. Yo, a riesgo de que me tomara por loco, le respondí que, sinceramente, le creía. Últimamente me habían sucedido algunas cosas que me hacían tener la mente más abierta. Le hablé brevemente de las historias de feéricos que me contó Antonio tiempo atrás, y cómo meses después de escribirlas y publicarlas, mi amigo pareció ese percance. Ahora estábamos a punto de saber qué ocurrió, por qué Antonio sufrió aquel extraño ataque de locura, del cual aún se estaba recuperando. También esperaba encontrar respuesta para la aparición del insólito cadáver encontrado a las afueras de El Bosque, el mismo que, según los testigos, era muy parecido a una especie de hombrecillo o duende. 
La doctora me miró y me dijo que había algo en los ojos de Antonio que le hacía pensar que no mentía. Era una historia increíble, pero no mentía. Que eso lo dijese una doctora del servicio de psiquiatría de uno de los mayores hospitales de Andalucía, era algo muy importante. Le pregunté a la doctora si creía que su paciente estaba en el camino de la recuperación. Su respuesta fue clarísima. No sólo estaba recuperándose perfectamente, sino que de seguir así, le daría el alta en poco tiempo, pues sería en su casa, en su entorno y en compañía de su esposa, donde debería enfrentarse a la realidad. En el hospital poco más podían hacer por él. Físicamente estaba bien. 
Aquella noticia me alegró mucho, así que con media sonrisa en el rostro, la doctora y yo volvimos a la sala para que Antonio nos siguiera contando su historia. 

Del interior del túnel salía un olor a azufre, casi imperceptible. Antonio sacó del bolsillo un pequeño mechero y lo encendió justo a la entrada del pequeño pasadizo. La llama del mechero se inclinó hacia dentro. Antonio se armó de valor y empezó a gatear para investigar, al menos, los primeros metros del misterioso túnel. 

Miguel Ángel Rincón Peña

 
 
¿Has perdido el hilo del cuento? En este enlace lo podrás leer completo hasta el capítulo 17 y con fotos ilustrativas: http://cuentosenelequipaje.blogspot.com.es/2012/12/feericos.html

9 may. 2013

FEÉRICOS #17

Y allí estábamos de nuevo, en aquella sala de visitas, mi amigo Antonio, la doctora Jarava y yo. Antonio empezó a contarnos, esta vez más calmadamente, lo que al parecer, estaba sucediendo en El Bosque. 
Una tarde cualquiera del pasado mes de noviembre, Antonio, salió de casa camino al río Majaceite. Fue paseando junto al cauce, adentrándose poco a poco en el bosque. Estuvo recordando aquella noche en la que siendo un niño, se perdió en aquel mismo lugar. Hacía mucho que no pasaba por allí, pero estaba todo tal y como él lo recordaba. Decidió seguir andando y casi sin darse cuenta, llegó a una parte del bosque donde estaba prohibida la entrada. Había un pequeño puente de hierro y frente a éste, una valla de madera con una pequeña puerta que impedía el paso. Una vieja chapa oxidada advertía a los caminantes que no se podía seguir. Antonio no recordaba aquel lugar, así que saltó la valla y haciendo caso a su curiosidad, penetró dentro de aquella propiedad privada. Entre la verde hierba se abría paso un caminito que conducía a un viejo caserío bastante deteriorado. La tarde estaba tomando el típico color rojizo, anunciando así que la noche andaba cerca. Mi amigo pensó en volver atrás y regresar a casa, pero sin saber bien cómo, se vio junto a la puerta del caserío. Parecía entreabierta, empujó con un dedo y comprobó que no estaba cerrada. El rechinar de las bisagras daba a entender que la casa había sido abandonada hacía mucho tiempo. Antonio pasó al interior, preguntando en voz alta si había alguien allí, a lo cual sólo obtuvo la escandalosa respuesta del revoloteo de algunas palomas que salieron huyendo por las ventanas rotas. 
Dentro había una mesa, un par de sillas, una estantería vacía y una chimenea. Todo allí estaba lleno de polvo. Antonio repasó la estancia con la mirada y observó que en una esquinita donde apenas llegaba la luz, había una pequeña alacena, se acercó y abrió las dos puertas de par en par. Aquello no era una alacena, en aquel hueco había un angosto y oscuro túnel. 
¿Adónde iría a dar, quién construiría un túnel allí y para qué? ¿Quiénes serían los dueños de aquella casa? Todas estas preguntas y algunas dudas más, pasaron por la mente de Antonio en aquel momento. 

Miguel Ángel Rincón Peña


¿Has perdido el hilo del cuento? En este enlace lo podrás leer completo hasta el capítulo 17 y con fotos ilustrativas: http://cuentosenelequipaje.blogspot.com.es/2012/12/feericos.html 

4 may. 2013

PIANO BAR

 A Miguel Beltrán "Barry".

Suena un piano
al fondo del bar.
Las notas se mezclan
con el murmullo de la gente.
El pianista toca
y mira de reojo
el escote de la camarera.
Luego observa en silencio
al borracho que no calla,
a las copas de la barra
y a la puerta de salida.
Sus dedos se desplazan
de memoria por las teclas
de aquel viejo piano.
Cuántas manos lo habrán tocado.
A cuántos habrá hecho feliz
con su sonido melancólico…

Llegó la hora de cerrar.
El pianista apura su güisqui,
levanta el cuello de su chaqueta
y se aleja por la oscura calle
otra noche más.

Miguel Ángel Rincón Peña

3 may. 2013

Payas@s utópic@s (Payas@s de Hospital)

Maravilloso proyecto solidario del colectivo cultural El fuego de la utopía. Para más información pinchar en el dibujo.

FEÉRICOS #16

Después del parón de la semana pasada, por motivo de las cifras del desempleo en España, volvemos al cuento de los feéricos. A ver, por dónde íbamos…

A la semana de que ocurriera aquel extraño suceso en El Bosque, Antonio, que continuaba ingresado en Sevilla, parecía que se estaba recuperando bastante bien. Así que ya podía recibir visitas. ¡Por fin!
Me recibió en la sala de visitas del hospital, la doctora Jarava. Estuvimos unos minutos hablando de la repentina recuperación de su paciente. Se escuchó un murmullo en el pasillo, y acto seguido, un enfermero abrió la puerta y sentó en un extremo de la mesa a mi amigo Antonio. Tenía mucho mejor aspecto que la última vez que lo vi. Me miró y me saludó. La doctora empezó preguntándole cómo se encontraba, si había almorzado bien, etc. Antonio, mientras tanto me miraba fijamente, como esperando a que yo hablara. Tras el interrogatorio de la doctora, tomé la palabra. Lo salude, y le pregunté si sabía por qué estaba yo allí, visitándole. Con voz calmada me dijo que sí, que lo sabía perfectamente, algo estaba pasando en el Majaceite y los dos estábamos relacionados con aquellos sucesos que alteraban el orden mágico del bosque.
Miré la cara que estaba poniendo la doctora, ella también me miró a mí con gesto incrédulo. Antonio siguió hablándome de cosas extrañas que yo no podía entender muy bien, me habló de los diversos tormentos que sufrió días antes de ser ingresado, de aquellos dibujos que hacía casi sin querer y un sinfín de cosas más. A medida que iba hablando iba elevando la voz y alterándose bastante. La doctora le pidió calma, yo también le dije que se tranquilizara. Al ver que Antonio hablaba cosas sin sentido aparente y seguía en aquel estado de excitación, la doctora llamó a los enfermeros y celadores que lo sacaron de la sala.
Sin duda, tendríamos que ir poco a poco, en visitas cortas y sin sacar mucho el tema de los sucesos del Majaceite. La doctora Jarava me citó para la semana siguiente. Parecía que a ella también le picaba la curiosidad por toda aquella extraña historia.
Mientras iba en dirección a la calle, pensaba en que aquello era un buen presagio, Antonio recordaba y quería contarlo todo, y la doctora era favorable a mi presencia allí.

Miguel Ángel Rincón Peña