26 dic. 2013

VINILOS

Recuerdo que hasta el 6 de enero de 1990 no tuve un buen tocadiscos. Me lo regaló mi madre junto con un par de discos de vinilo. Uno de ellos se llamaba Éxitos de oro, del grupo madrileño Tennessee. Aún lo conservo. Años después me hice con casi toda la discografía del grupo. Los reyes del Du-dua en castellano. Tennessee es un grupo al que le tengo un cariño especial. Tenían (y siguen teniendo) la habilidad de hacer canciones que al escucharlas, automáticamente parece que los problemas se esfuman por unos minutos, cosa que es muy de agradecer en estos tiempos que corren. Por cierto, en estas fechas sale su nuevo disco Lucky Lips, y por lo que he podido escuchar tiene muy buena pinta. 
En fin, volviendo al tema de los vinilos, no sé si habrán entrado alguna vez a una de esas tiendas donde aún venden discos de vinilo. Yo siempre que puedo me acerco a visitarlas y es algo casi orgásmico. El paraíso terrenal, todos esos discos en las estanterías, ese olor tan especial, el tocadiscos listo para poder probarlos, la aguja colocada sobre el vinilo, etc. La primera vez que fui a una tienda de discos de segunda mano no sabía por dónde empezar, me los quería llevar todos: Led Zeppelin, Creedence Clearwater Revival, The Beatles, Pink Floyd, Aute, Dylan, Emerson, Lake & Palmer, Johnny Cash, Triana, 091 y un sinfín de autores más. Esas viejas tiendas son como oasis musicales en medio del desierto urbano. Y es que uno pone la radio o la televisión y sólo encuentra música enlatada, de usar y tirar. Música comercial hecha a golpe de talonario. 
Así, no es de extrañar que la mayoría de jóvenes desconozcan los músicos que anteriormente he citado y solamente escuchen banalidades del tipo Justin Bieber, Abraham Mateo, One Direction, Auryn, etc. 
Hubo un tiempo, hace ya bastantes años, en que existían programas de televisión donde tocaban grupos de Rock & Roll, algo impensable hoy en día. También los cantautores tenían su espacio televisivo, yo he visto a Javier Krahe, Sabina o Paco Ibáñez cantando en TVE. No es que cualquier tiempo pasado sea mejor, pero en este caso, las cosas han cambiado para peor. Parece que hay una premeditada censura sobre la música de calidad, un veto a todo lo que suene original, fresco y se salga de la pauta establecida por la dictadura de mercado. Triste país éste en el que arrasa en las listas de éxitos un tal Kiko Rivera. ¡Feliz año! 

Miguel Ángel Rincón Peña  


19 dic. 2013

LA MURGA DE SIEMPRE

Seguro que recuerdan aquella canción que decía: "…Se acabe el paro y haya trabajo, escuela gratis, medicina y hospital. Pan y alegría nunca nos falten. Que vuelvan pronto los emigrantes. Haya cultura y prosperidad". Carlos Cano cantaba La Murga de los Currelantes hace más de treinta y cinco años, y aún hoy, esa letra sigue vigente. Y es que el autor granadino decía verdades como puños en sus canciones. Compuso una canción muy esclarecedora, llamada La Especulación: “Y así se explica, Manuel, esto de la especulación, comprando muy baratico, vendiendo carico, y pagando tú y yo. Y así se explica por qué hay que echarse a temblar: que suba la gasolina, el aceite de oliva, la chicha y el pan. Se juntan cuatro granujas y a todos nos estrujan al multiplicar los duros por las pesetas, y hazte la puñeta con lo que te dan”
¿Les suena de algo? Seguro que sí. Después de todo ese tiempo se sigue denunciando lo mismo y reivindicando las mismas cosas. Si echamos un vistazo a las últimas noticias, veremos que la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) exige abaratar aún más el despido en España, sugiere aumentar el período de prueba de los contratos y califica de "generosas" las prestaciones por desempleo. O sea, más precariedad laboral y menos derechos para la clase trabajadora. Pero no queda ahí la cosa, para colmo de males, a partir de enero sufriremos una brutal subida de la luz del 11,5%, cuando el Gobierno decía que subiría sólo un 2%. Además, el PP avala que se pueda cortar la luz en pleno invierno por impago. El Partido Popular fue el único partido que se negó a debatir el pasado martes en el Congreso unas medidas para prevenir la pobreza energética. Todas estas noticias y otras muchas, ponen en evidencia de parte de quién está este Gobierno, que en vez de defender los intereses de la ciudadanía, defiende a las multinacionales, a la Banca y en definitiva, al mismísimo Capital. 
Estas Navidades, gracias a la Crisis-Estafa y a la pésima gestión del Gobierno, muchas familias no podrán cubrir sus necesidades básicas, y sufrirán cortes del suministro eléctrico, del gas, falta de alimentos, etc. Es difícil sentarse a la mesa a comer sabiendo que hay personas que viven una situación límite, y no sólo en estas fechas, sino todos los días del año. Aunque eso, a los grandes estafadores les importa bien poco, de hecho, continúan estafándonos con premeditación y mucha alevosía. 

Miguel Ángel Rincón Peña 


4 dic. 2013

DICIEMBRE

Voy a tratar este tema lo antes posible, para no tener que escribir sobre él más adelante. No me gusta la Navidad. Partiendo de esa base, tengo que reconocer que no siempre fue así, pues cuando era un niño veía estas fiestas de diferente manera. 
En la escuela, cuando llegaba el mes de diciembre ya empezábamos a decorar la clase y a ensayar los villancicos para la fiesta escolar de Navidad. A mí me gustaba, como a la mayoría de los niños, la época navideña, además de por los regalos, por las vacaciones que pasaba todos los años en el pueblo de mis abuelos maternos. La Nochebuena me hacía ilusión porque toda la familia, casi al completo, cenábamos esa noche juntos. Al terminar la larga cena, chupito de anís, y la mayoría se iban a la Misa del Gallo, otros se marchaban a algún salón con los amigos y yo me quedaba en casa viendo los programas que ponían en la tele. 
A la semana siguiente, Nochevieja. En el pueblo de mi madre, Prado del Rey, la Nochevieja se celebra en la plaza del Ayuntamiento, y todo el mundo se disfraza para comerse las uvas con las doce campanadas. Mi madre un año me disfrazó de mosquetero, otro de vieja, etc. 
Y por fin, tras unos días de espera, llegaba la Cabalgata de los Reyes Magos. En mi casa siempre fuimos muy de reyes magos, al gordinflón ese, que está tan de moda en estos tiempos entonces no le veía el pelo. “Bah, el Papa Noel es cosa de los americanos esos”, decía mi madre. El día 5, pillaba una bolsa de plástico y me iba con mis amigos a coger caramelos. Por la noche, recuerdo como si fuese ayer cuando me metía en la cama y era imposible poder dormir con aquellas cosquillas en la barriga. Al final, el sueño me vencía. A la mañana siguiente entraba mi madre en la habitación para decirme que saliera ya, a ver si me habían dejado algo los Reyes. Y allá iba yo, con una sonrisa en los labios y los ojos brillantes de ilusión dispuesto a abrir regalos… 
Conforme fui cumpliendo primaveras, aquella ilusión por la Navidad se transformó en escepticismo y más tarde en repulsa por una fiesta mercantilista que saca el lado más hipócrita de nosotros mismos. Pero bueno, esa es mi opinión personal, este año prefiero quedarme con el dulce sabor de los recuerdos -que con cada año que pasa duelen más-.

Miguel Ángel Rincón Peña.