20 nov. 2014

SÍSIFOS MODERNOS

Hace ya algunas semanas cumplí años. Nací un noviembre del año en que murió el rey del Rock & Roll. Será por eso que siempre me gustó este mes, a pesar del comienzo del frío y las lluvias. Será también por eso, que siempre me gustó Elvis. 
Conozco a mucha gente que no les hace ninguna gracia eso de cumplir años, a mí me encanta, aunque cada vez se vaya resintiendo uno más. Decía Barrault, con toda la razón, que la edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo. 
 La vida hay que amarla, aunque ésta sea dura y cruel. Nadie dijo que fuera fácil vivir. A pesar de todo, la vida nos ofrece cosas impagables, aunque a veces, no nos demos ni cuenta de ello. Todos los días tenemos amaneceres y atardeceres espectaculares. Por las noches, si está el cielo despejado, tenemos un auténtico espectáculo; el universo encima de nuestras cabezas -cuánto misterio encierran esas estrellas-. Y cómo no, el amor, la familia, todas esas cosas que nos dan fuerza para seguir adelante. En la otra cara de la moneda tenemos el vil metal, el poder, la envidia, la muerte. Cosas nefastas aunque seguramente necesarias para el equilibrio. La vida hay que disfrutarla, aunque con esta crisis-estafa no esté el "horno para bollos". Hay que ser positivos, en la medida de lo posible, y ver lo bueno de las cosas. No sé ahora mismo quién fue el que dijo que la persona verdaderamente sabia es aquella que es capaz de ser feliz con poco. La mayoría de las veces, la opulencia, más que felicidad da dolores de cabeza. 
La vida hace de nosotros sus pequeños sísifos modernos que cada semana, cada mes, cada año, vamos subiendo nuestra piedra a la montaña, y cuando casi llegamos a la cumbre, vemos cómo la maldita piedrecita cae sin remedio, y otra vez a empezar, otra vez a subir la semana, el mes, el año... y así, poco a poco, sin darnos cuenta vamos cumpliendo años, subiendo y bajando la montaña. Cada vez nos cuesta más esfuerzo, hasta que un mal día, el que rueda cuesta abajo no es la piedra, sino nosotros, para no levantarnos más. 
Todo este rollo que les estoy soltando, queridos lectores, a modo de reflexión, me lo repito a mí mismo todos los años desde que cumplí los treinta, y ya voy por los treinta y siete (aunque aparento treinta y seis y medio). En cuanto pasa noviembre y llega diciembre se me va olvidando el tema de la edad, los cumpleaños, y las reflexiones sobre el sentido de la vida. Aunque, créanme, a veces es necesario pensar un poco en todo ello. Nunca está de más. 

Miguel Ángel Rincón Peña

13 nov. 2014

EL CIRCO

Hace varios meses, iba conduciendo el coche por la autovía y me encontré con una extensa caravana de camiones pertenecientes a un circo. No recuerdo el nombre. Eso me hizo pensar en lo dura que es la vida de las personas que se dedican a esa profesión. 
Cuando era pequeño no me gustaba demasiado ir al circo. En el colegio nos repartían folletos con la publicidad del circo cuando llegaba éste al pueblo, y todos los niños se volvían locos por ir a ver el espectáculo. Yo, al contrario, deseaba que mi madre no tuviera ganas de llevarme. Una de las veces, a mi madre le dio por acompañarme al circo, y no tuve más remedio que ir. Nos sentamos a mitad del graderío, y desde allí, con cara de perplejidad, vi la función circense. Me transmitieron bastante pena los payasos, pensaba en ellos, seguramente padres de familia, que se ganaban la vida haciendo reír a los demás. Me pareció un trabajo durísimo, y seguramente mal pagado. Luego salieron los animales, perros, un mono, varios tigres y un elefante. Tenía un nudo en el estómago. Me sentí mal. Miraba a mi alrededor y veía a todos los niños riendo, felices, comiendo gusanitos y disfrutando de las actuaciones, y a continuación miraba a mi madre, que con cara de extrañeza me preguntaba: ¿No te gusta? Para inmediatamente sentenciar: ¡Qué raro eres, hijo mío! 
Recuerdo otra ocasión en la que un circo de payasos instaló una carpa junto a la plaza de toros de Ronda, justamente al lado de la que era mi casa por aquella época. Mi prima, que era más grande que yo, se le metió en la cabeza llevarme a ver a los dichosos payasos, y por más que me negué poco pude hacer ante su insistencia, y allí me vi, rodeado de gente. No podía ver nada, porque no había asientos y estaban todos los padres y madres de pie con sus hijos en hombros. Mi prima, me subió un momento a sus hombros y de repente apareció un payaso al fondo del escenario que me saludó. Tenía una sonrisa sincera. Yo, con mi pequeña mano le devolví el saludo. Creo que fue la primera vez que sonreí en un circo. 
Les tengo mucho respeto a todas las personas que se dedican al maravilloso y duro mundo del circo (eso sí, sin animales mucho mejor). Vaya desde aquí mi humilde homenaje. 

Miguel Ángel Rincón Peña 

6 nov. 2014

AVALANCHA

La inmensa avalancha de casos de corrupción que se está viviendo en este país, de un tiempo a esta parte, hace que cualquier persona honrada sienta una profunda indignación, vergüenza e impotencia al comprobar cómo algunos personajes de la política, del mundo empresarial e incluso del sindical, nos están tomando por estúpidos mientras nos roban a manos llenas. Ejemplos hay cada vez más: EREs fraudulentos, tarjetas de crédito opacas, financiación ilegal, cuentas en B, dinero negro en paraísos fiscales y una larguísima lista de corrupciones varias. 
Ayer por la tarde, dos hombres de mediana edad tomaban café en un bar. Uno de ellos tenía un periódico en las manos y estaba comentando la indecencia de permitir que Jaume Matas, político condenado por corrupción, salga de la cárcel a pesar del criterio en contra de la Junta de Tratamiento de la cárcel de Segovia, demostrando así cómo el Gobierno se pasa la justicia por el mismísimo forro. El tipo que estaba al lado, decía no comprender cómo podían robar esa clase de gente, con todo el dineral que ganan en sus cargos públicos y en sus actividades privadas. Entonces su compañero de café le respondió que “mientras más tienen más quieren tener esa gentuza, y mientras tanto la justicia mirando para otro lado”. Y ponía el ejemplo de que si una persona que cobra una miseria o incluso está sin ningún tipo de ingreso, necesita robar para darle de comer a su familia, esa persona se pudre en la cárcel, pero en cambio, si el que roba es rico y poderoso, a los dos meses está fuera viviendo la vida. El camarero, que se estaba percatando de la conversación, se acercó a ellos y les dijo con voz irónica que si habían leído la noticia de que el ejército se está entrenando en técnicas de antidisturbios. Los tres empezaron a comentar tal despropósito… que si esto es una dictadura, que si el Gobierno se está cargando el país, y una amplia gama de insultos que no reproduciré, pero que seguramente imaginarán. 
Llamé al camarero y pedí la cuenta. Tras salir del bar, me encaminé a casa. Mientras andaba por la calle, pensaba que la mayoría de los españoles se dejan la indignación en la barra del bar, y que cuando salen a la calle, se dicen a sí mismos, resignados: “Bueno, a ver si la cosa mejora”. Pero no, “la cosa” no mejora, al contrario, todo está peor que nunca, y si no, miren a su alrededor y vean el panorama. No es pesimismo, es simplemente realismo. 

Miguel Ángel Rincón Peña

1 nov. 2014

LIGERO DE EQUIPAJE...

“Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
 ¿quién se sentará?”
Gustavo Adolfo Bécquer.

“Estos días azules
y este sol de la infancia”
Antonio Machado. 

Más de mil veces
imaginé mi muerte.
Vi en mis pensamientos
y en mis más oscuros sueños
esos últimos días.
Desde algún lugar
mis etéreos ojos
observarán mi sepelio.
Quién me llorará.
Quién se apenará.
Quién sentirá hondo pesar
por mi “exitus letalis”.

Tal vez deje recuerdos,
unos cuantos abrazos,
algunos versos y poco más.
Abrazaré desnudo a la muerte
tal cual llegué a la vida.
Quizá ya esté, sin saberlo,
en la estación del otoño
esperando mi tren.
Quizá ya esté, sin saberlo,
preparando la última partida,
ligero de equipaje,
como los hijos de la mar…

(Inédito leído en la noche de los difuntos 2014)
Miguel Ángel Rincón Peña.