21 ene. 2010

LA CARTA

¿Recuerdan cuando, hasta hace bien poco, utilizábamos las cartas como medio de comunicación? Ahora la cosa ha cambiado bastante, las cartas quedaron obsoletas y la tecnología nos dispuso la comodidad de utilizar los mensajes de correo electrónico (e-mail). Ya sólo recibimos cartas con la factura del teléfono, la electricidad o con los recibos del Banco (cuidado con éstas últimas que las carga el diablo).

Pero qué frío son los mensajes de e-mail, carecen de alma. Por el contrario, las cartas de papel eran cálidas, mucho más si estaban escritas de puño y letra. Tenían tacto, olor y se podían leer donde uno quisiese. Quién no tuvo alguna vez algún amigo o amiga en la distancia con quien cartearse. Qué fue de las cartas de amor que los enamorados se escribían asiduamente y dentro de las cuales se adjuntaban besos, flores prensadas, dibujos, etc.
Ahora la mayoría nos enviamos mensajes por Internet o por el móvil, que no digo yo que esté mal, pero se perdió aquel romanticismo, aquella tradición de ponerse a escribir en una cuartilla, con esmero para conseguir una buena letra, sin las prisas y sin los agobios que nos da Internet. Y comprar el sobre y los sellos, cerrarla y depositarla en el buzón más cercano. Era todo un ritual.
Luego, a esperar que la otra persona respondiese. Pacientemente aguardábamos la correspondencia y el día que menos lo esperábamos, venía el cartero a nuestra casa y pasaba la tan esperada carta por debajo de la puerta.

Recuerdo que uno de los mejores maestros que he tenido en la escuela, nos llevó, cuando estaba yo en 5º curso (lo que ha llovido desde entonces), a la oficina de correos, y estuvimos dentro de las dependencias aprendiendo el recorrido que hacían las cartas. Nos enseñó qué era un encabezamiento, un remite o membrete, etc. Dudo que hoy en día se siga enseñando en las escuelas, y es que la tecnología avanza que es una barbaridad, y los tiempos cambian (no siempre a mejor).

El otro día, hablando con Lucía y Juani (dos excelentes maestras y sin embargo amigas), surgió el tema de las cartas y me puse a escribir de inmediato esta columna, que por cierto, ha sido enviada vía e-mail a la redacción del periódico.


Miguel Ángel Rincón Peña