1 jul. 2009

UNA PLAGA MÓVIL

Se han parado alguna vez a pensar qué sería de nuestras vidas sin el teléfono móvil. Qué sería de nosotros y de los nuestros sin llevar en el bolsillo o en el bolso ese pequeño artefacto. Un teléfono móvil no es tan sólo un aparato que sirve para llamar o para recibir llamadas, sino que es también una agenda, una cámara de fotos y de video, un reloj despertador, una calculadora científica, un videojuego, e incluso disponen de vibrador -afinen la imaginación para esto último-.
Son una auténtica plaga. Si pasean por el parque pueden observar a la gente jugueteando con el móvil, si van al cine seguro que podrán escuchar algún sonidito proveniente del móvil de algún despistado, si van en carretera también verán algún conductor que otro con el móvil en la oreja -otros irán hablando en “manos libres”-, si van al hospital, al bar, al campo de fútbol, a un concierto, etcétera, etcétera, seguramente habrá alguien haciendo uso de su móvil. Hay gente que hasta sentada en el retrete usa el móvil. Y que conste que soy completamente consciente de la importancia de este invento, pero tampoco hay que pasarse. En realidad a los que les va bien el invento es a las compañías de telefonía móvil, a esos sí les va la marcha y se inflan a ganar euros a costa de nuestra recién creada necesidad de comunicación y ocio inalámbrico.
Hace poco -sí, lo reconozco, yo también soy un pecador de la pradera- cambié de móvil y tiene tantas funciones que aún no sé cómo funcionan algunas de ellas -gracias desde aquí a Nieves por sus didácticas explicaciones-. Ese chisme del demonio por tener tiene hasta para navegar por internet y ver la televisión u oír los MP3, aunque eso sí, de vez en cuando se le va la cobertura, pero eso es lo de menos, mientras que la recupera puedo jugar una partida al trivial pursuit o escuchar a los Pink Floyd.
Oigan esto de los móviles da mucho de sí, ahora que estamos en carnavales, si me lee algún letrista chirigotero que se anime y le saque punta al asunto. Bueno, no sigo que me salgo de la columna y además me está sonando el móvil.

Miguel Ángel Rincón Peña.