17 ago. 2012

EL AMOR

La semana pasada estaba escuchando una canción de Los Fabulosos Cadillacs que contiene unos versos que siempre me hacen pensar: “En la escuela nos enseñan a memorizar fechas de batallas, pero que poco nos enseñan de amor.” En ese mismo momento tenía mi Twitter abierto (@mrinconp) y decidí copiarlo para que otros lo leyeran y también les hiciera reflexionar. Al poco rato, un buen amigo me respondió: “Amor = Mentira. A mí me lo enseñaron en la facultad, es un proceso químico.” Su Tweet me hizo recordar aquella frase de Severo Ochoa que decía: “El amor es física y química.” Quién sabe, supongo que es complicado saber a ciencia cierta qué es el amor. 
Ahora que no nos “escucha” nadie, confesaré que una vez, asistiendo a una boda católica, me quedé sorprendido cuando el sacerdote dio lectura a la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios 12, 31-13,8 del Nuevo Testamento. No, no se confundan, sigo siendo igual de ateo, pero eso no quita para que, además, uno pueda ser espiritual y sensible. Al día siguiente de la boda fui a la biblioteca a buscar un Nuevo Testamento, y encontré la Carta de San Pablo: “El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor dura por siempre.” Para haberlo escrito un “santo” no me negarán que no está nada mal. 
Si buscamos en el diccionario de la RAE, el amor, en sus primeras acepciones, dice ser: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.” y “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.” 
Quizá para saber más del amor, haya que leer antes a otro Pablo (pero éste sin santidad). Pablo Neruda: “Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Desde mi boca llegará hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma.” 

Miguel Ángel Rincón Peña.