17 feb. 2010

CELDA 211

Ocho premios Goyas se llevó el pasado día 14 la película de Daniel Monzón, Celda 211 (actor revelación, actriz de reparto, actor, sonido, guión, montaje, director, película). Yo tuve ocasión de ver la película en el cine y me gustó bastante. Además de una acertada dirección y un impresionante Luis Tosar en el papel del peligroso “Malamadre”, lo que más me gustó fue el mensaje, la denuncia que la película pretende hacer del actual sistema penitenciario.
Seguramente, a los que nunca hemos pisado una cárcel ni pensamos pisarla nunca, nos la puede traer al fresco la situación que allí se vive, pero hay que recordar que en los centros penitenciarios están recluidas personas, no animales, y por mucho daño que hayan podido hacer, tenemos que asegurarles una estancia lo más digna posible y ofrecerles la posibilidad de la reinserción durante su tiempo de condena.
Daniel Monzón, en una entrevista sobre su película comenta: “No es un palo directo a un partido político, pero sí que es verdad que si la película dispara con bala hacia algún lado es hacia el poder.” Y estoy de acuerdo, una sociedad que se llama así misma democrática no puede consentir que en sus cárceles pase lo que pasa habitualmente. Informes de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional y otros organismos, han denunciado que en España existe la tortura, y eso no lo podemos permitir. También existe el régimen FIES que son las siglas de los Ficheros Internos de Especial Seguimiento. Ese régimen es considerado por muchos de inconstitucional, pues lo consideran una tortura y un castigo añadido a los presos. Otro de los problemas que padecen los centros penitenciarios en este país, es la sobrepoblación de reclusos que supera en un 25 por ciento la capacidad de las prisiones, uno de los porcentajes más altos de Europa. Los sindicatos denuncian una paulatina degradación del servicio de prisiones, pues, dicen, se están convirtiendo en “almacenes de carne humana”.
Esto que expongo es una parte de la problemática, así, no es extraño que en las cárceles se originen motines como los que narra Celda 211.
Después están los presos políticos, que “haberlos haylos”, pero esa es otra historia.
En definitiva, que el cine español está de enhorabuena con esta película, que da una bocanada de aire fresco al manido panorama del cine patrio.

Miguel Ángel Rincón Peña