24 mar. 2010

SEMANA SANTA

Lo bueno de la llamada democracia es que, supuestamente, toda persona puede opinar sobre lo que crea conveniente, siempre que se haga desde la educación y el respeto. En esta ocasión me gustaría escribir, ya que estamos a las puertas, sobre la Semana Santa.
Uno, que no es polemista, pero que sí es ateo, tiene que echar mano de su más absoluta prudencia para poder hacer un artículo de opinión sobre la Semana Santa y no herir las sensibilidades religiosas de nadie. De hacerlo, no sería mi intención.
Esa semana, tan señalada en el calendario, en que los cristianos conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, comienza con el Domingo de Ramos y concluye con el Domingo de Resurrección. Para muchos es, además de un acto religioso, una tradición cultural de arraigo, sobre todo en Andalucía. Para otros, simplemente constituye unos días de vacaciones en los cuales poder descansar o viajar.
Hasta aquí, ningún problema, pero, qué pasa cuando la Semana Santa entra en las escuelas. Yo opino que es importante enseñar al alumnado la historia de esa conmemoración religiosa, pero en el horario que ocupe la clase de Religión. Es lógico que el alumnado que haya elegido una alternativa a la Religión no quiera saber nada de ese tema. Creo que los padres están en su derecho de exigir que sus niños no participen en actos sobre la Semana Santa, al igual que deberían -para ser coherentes- exigir que tampoco lo hagan en otras celebraciones cristianas, como por ejemplo, la Navidad. Se pueden tener diferentes opiniones sobre este tema, pero lo que está claro, a mi manera de ver, es que la Escuela debe de ser laica. Y es que cada cosa tiene su lugar, la Educación en las escuelas y los actos religiosos en las iglesias.
En una sociedad como la nuestra, cada vez más multicultural, necesariamente tienen que existir y convivir diferentes opciones religiosas; católicos, musulmanes, judíos, ateos, etc. Es primordial el respeto entre ellos para llevar a buen puerto la convivencia. La Escuela es un ejemplo más de ese respeto entre diferentes sensibilidades. Los padres y los maestros deben demostrar una actitud consecuente respecto a este tema, pues tienen bajo su responsabilidad la educación de los futuros hombres y mujeres, y ya se sabe que la religión es una opción personal que uno debe -o debería poder- elegir libremente.

Miguel Ángel Rincón Peña