20 ene. 2011

HIJOS DEL AGOBIO

Este artículo lo escribí cuando conocí la situación de un viejo amigo, el cual, está atravesando un bache bastante complicado, al parecer, por culpa de la tan archifamosa Crisis. Lo que sigue, es un ejercicio de sinceridad y desahogo, y quizá, también de impotencia.

Nos roban los Bancos, nos roban las eléctricas, nos roban las compañías telefónicas, nos roban con la gasolina y con tantas otras cosas. Luego están los 4 millones de parados, los millones de trabajadores con un empleo precario y con salarios de risa que ya quisieran ser, al menos, “mileuristas“. Mientras todo esto ocurre, y entre que España ganó el Mundial, la Ley Antitabaco, la televisión hipnotizadora, el consumismo deshumanizador, etc., el Capitalismo nos va alienando y nos ofrece migajas para que no protestemos demasiado. Y si se nos ocurre salir a la calle a luchar por lo que es nuestro, el Poder envía a sus secuaces a dar palos al obrero. Y los sindicatos, comprados (salvo honrosas excepciones).

Si los Bancos, las Eléctricas, las Telefónicas, las Petroleras, nos roban: Nacionalización. Porque hay que tener claro que no vivimos en una Democracia, sino en una Dictadura Capitalista. Nos creemos libres, pero somos prisioneros de las hipotecas, de los prestamos bancarios, de las facturas desorbitadas, del desempleo, de las fronteras invisibles. Nos creemos en libertad, pero somos controlados por cámaras de video en las calles, en las Instituciones, en las tiendas, en los Bancos. Nos controlan por Facebook, Twitter, Tuenti... El Gran Hermano siempre vigila, esto es el “1984” de Orwell. No hay que pedir que se arregle la Crisis, hay que pedir un Sistema nuevo, hay que pedir la sustitución del Capitalismo. Y eso no vendrá por medio de los partidos políticos patrios. Si viene, vendrá de la mano del Pueblo consciente. Esta Democracia, su constitución y su sistema electoral es muy mejorable, pues es la heredera "con la cara lavada y recién peiná" del régimen pasado.

A según qué lector, este escrito le puede parecer radical, pero más radical es el embargo de la casa del trabajador que no puede pagar la hipoteca o el corte de la luz al que no puede pagar las facturas. Historias reales que se vienen repitiendo a diario a los nuevos hijos del agobio.

Miguel Ángel Rincón Peña