19 oct. 2011

YUE YUEM

Hace unos meses hablaba en esta columna de opinión sobre el humanismo, sobre la necesidad de creer y confiar en el ser humano. Pero a veces a uno se le van esas teorías por el retrete cuando se entera de ciertas noticias. En el titular del periódico de turno, se podía leer: “Una niña china, atropellada dos veces ante la indiferencia de los transeúntes”. Rápidamente se me encendió la luz de alarma y seguí leyendo la noticia, y en resumen, lo que sucedió fue que, Yue Yuem, una niña de dos años que caminaba sola por un mercado de China fue atropellada por una furgoneta. Minutos más tarde y sin que nadie la socorriese, otro vehículo pasa por encima del cuerpo malherido. La pequeña entró al hospital en coma, los médicos no creen que sobreviva debido a la gravedad de las heridas y al tiempo que tardó en ser atendida.
La conducta incívica e inhumana de los dieciocho personajes que pasaron al lado de Yue Yuem mientras ésta agonizaba en el suelo tendría que estar penada por la ley con severidad. Pienso que es una obligación ofrecer auxilio al que lo necesita.
Ahora mismo hay una gran polémica en China sobre este asunto, y es curioso leer los comentarios y opiniones de los ciudadanos chinos, un joven asegura que este caso es una vergüenza para China. Otro ciudadano, un poco más mayor dice añorar la época comunista de Mao Zedong y asegura que entonces eran más pobres pero había más justicia social y la gente vivía con dignidad e integridad, no como ahora.
En fin, creo que estas situaciones, puntualmente y en mayor o menor medida, pasan en todas partes, pero en China seguramente no sea la primera vez, ni mucho menos. Quizá en esta ocasión, al ser grabada la escena con una cámara de seguridad, haya tomado más importancia mediática y toda la sociedad haya puesto el grito en el cielo al ver el video.
Y yo me pregunto, ¿podría pasar esto mismo en España? ¿Podríamos pasar de largo ante una niña de un par de años recién atropellada? Quiero pensar que no, quiero pensar que correríamos a su auxilio, sin dudarlo. Con esto no quiero dar a entender que todos los chinos sean unos sinvergüenzas sin escrúpulos, estoy seguro que la mayoría de ellos serán personas civilizadas que hubieran prestado ayuda a la pequeña Yue, pero la mala suerte quiso que en su camino se cruzaran solamente unos pocos descerebrados que no deberían de llamarse humanos.

Miguel Ángel Rincón Peña