5 ene. 2012

DEFENDER LA ALEGRÍA

No se pueden hacer ustedes una idea de la cantidad de mensajes que he recibido, a raíz de la publicación del artículo de la semana pasada sobre la experiencia en la “tercera fase” que vivió un vecino de la Sierra. Parece que la temática paranormal, y en concreto, la ufología, interesa bastante a los lectores, y es que, dada la situación por la que atraviesa el país, más de uno desearía ser abducido por un platillo volante. Imagínense; españolito medio, casado, con varios hijos, hipotecado hasta las cejas, desempleado o con un trabajo basura, facturas, letras, subida de impuestos, etc., vamos, que los extraterrestres son la única salvación.
Sin duda, uno se tiene que tomar esta crisis con humor, porque si no, díganme ustedes como reaccionaríamos ante todos esos recortes, subidas de impuestos, precariedad latente, y mil problemas más que se nos están viniendo encima.

Nunca hay que perder el sentido del humor, hay que ver la vida con ironía y en la medida de lo posible, con alegría. Mario Benedetti nos invitaba a “defender la alegría”, no podemos caer en el error de que unas determinadas circunstancias adversas nos amarguen la existencia. Ahora bien, defender la alegría no significa caer en el pasotismo, en ese nihilismo que tan frecuentemente nos sumimos en este país.
Aunque también es comprensible que sólo con poner los informativos se nos agrie el carácter, que el odio nos recorra el cuerpo al comprobar cómo una élite de listillos amasan fortunas mientras que el pueblo trabajador lo está pasando verdaderamente mal. Le hierve a uno la sangre cuando escucha a más de un “señorito” despotricar contra el pueblo andaluz mientras que explota en sus tierras a los jornaleros. Pero ante esas situaciones, contemos hasta diez y recordemos al gran Benedetti: Defender la alegría como una trinchera / defenderla del escándalo y la rutina / de la miseria y los miserables / de las ausencias transitorias / y las definitivas / defender la alegría como un principio / defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y de los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos […]

Miguel Ángel Rincón Peña