10 ago. 2013

SOLIDARIDAD

¿De qué nos sirven tanto odio, tanto agobio, tanta prisa, tantos problemas? Nos empeñamos en hacernos la vida más complicada de lo que ya es y levantamos muros y fronteras. Vivimos en una época en que el “o pisas o te pisan” está a la orden del día. El Capitalismo nos induce a llevar una vida de acelerada, de competición, de agresividad. 
Nos cruzamos por la calle como si fuésemos autómatas, la mayoría hace tiempo que perdió los buenos modales, a veces tratamos a nuestros semejantes como si fueran invisibles o inferiores. No me gusta vivir una sociedad que adora al dinero como el único dios verdadero. 
Rentabilidad, porcentajes, números de serie, códigos de barra, comida basura, transgénicos. Deshumanización. Eso es algo terrible. 
Nos creemos fuertes pero somos todo lo contrario. Sólo tenemos que poner los informativos y ver el accidente ferroviario de Santiago de Compostela. El más grave en la historia de España. Una tragedia. Cientos de víctimas. Es en esas ocasiones de desastre cuando el ser humano se da cuenta de lo frágil que es. Y nos volvemos más humanos, más solidarios. Los bomberos y los médicos desconvocaron sus huelgas y las enfermeras desempleadas se ofrecieron voluntarias, además de personas anónimas que se acercaron al lugar del accidente para ayudar en lo que buenamente podían. Había colas para donar sangre. Eso sí es humanidad. 
 Por mucho que este sistema nos quiera convertir en autómatas, en simples números, hay algo dentro de nosotros que nos hace reflexionar sobre lo que somos y lo que queremos ser. Ojalá esa enorme solidaridad que durante unos días hemos visto en Galicia, la tuviéramos presente y viva todos los días del año, para ayudar a los demás, para luchar contra las injusticias, para construir un mundo mejor donde la humanidad se pueda realizar plenamente en igualdad y fraternidad. No es utopía, no son sueños, es el futuro, y el futuro es hoy. 
Vaya desde aquí mi solidaridad con el pueblo gallego y con todas las víctimas del accidente. 

Miguel Ángel Rincón Peña