18 dic. 2014

MIS OBSESIONES

A veces, cuando algo me gusta mucho, me suelo obsesionar con ello, en el buen sentido de la palabra. Me obsesioné seriamente con la poesía de Charles Baudelaire, y tiempo después con la de Bukowski y Gil de Biedma. Me obsesioné, allá por el 2011 con una serie de culto llamada “A dos metros bajo tierra”, de la cual ya les hablé en esta misma columna. También aluciné bastante con películas tales como “1984”, “Fahrenheit 451”, o varias de Luis Buñuel, viéndolas hasta la saciedad. 
Desde hace unos meses, vengo escuchando esos cinco maravillosos discos titulados genéricamente como “American Recordings” del legendario Johnny Cash. Toda una obra de arte con un montón de canciones que consiguen ponerle a uno los vellos de punta. Johnny Cash, con la pérdida de su compañera fallecida poco tiempo antes, y sintiendo cercano el frío aliento de la Parca, decidió grabar esas canciones demostrando toda su grandeza como artista. Cash en estado puro, llegando al final de su camino con una canción en la boca y una guitarra entre sus temblorosas manos. Cien por cien Cash. 
Es difícil elegir, pero quizá uno de los temas que más me ha llegado sea la versión que hizo de “Hurt”, originalmente de los Nine inch nails y qué Johnny interpretó -y mejoró- magistralmente. Fue su último éxito antes de morir. 
Un tren al atardecer, un vaso de whisky, una cárcel, un eterno amor, una rebelión, unas botas gastadas, una vieja guitarra…, todo eso y mucho más era -y sigue siendo- Johnny Cash. 
Más de una vez, en algún que otro recital de poesía, he tenido la suerte de leer acompañado por los acordes de “Hurt” o "Get Rhythm" que tan meritoriamente Manu Lobo interpreta. 
 Creo que las obsesiones, por llamarlo de alguna manera, que vayan dirigidas hacia la cultura, siempre son positivas y a fomentar. No es un problema, sino todo lo contrario, eso de ver cuatro o cinco veces alguna película de José Luis Cuerda o Roman Polanski, o releer las obras inmortales de Julio Mariscal o Bécquer, o escuchar una veintena de veces algún disco de The Beatles o Luis Eduardo Aute. 
Obsesiónense por cosas así -en los tiempos que corren- y se ahorrarán un dineral en psicólogos y psiquiatras. 

Miguel Ángel Rincón Peña