5 ago. 2009

LOS AMANTES DE VALARDO

Hace un par de años, un equipo de arqueólogos encontró en Mantua (Italia) los restos de dos cuerpos enterrados hace entre 5.000 y 6.000 años unidos en un abrazo. Al parecer, fue un caso extraordinario, pues no hay precedentes de un entierro doble datado en el Neolítico, y mucho menos de dos personas abrazándose y con las caras ubicadas una frente a otra. Según los arqueólogos, murieron jóvenes y los huesos hacen ver que pertenecieron a un hombre y a una mujer.
La primera vez que vi la fotografía de “los amantes de Valardo”, que así fueron bautizados, pensé que era un montaje, luego me di cuenta de que no lo era cuando, por casualidad, leí en la prensa la noticia del descubrimiento de los huesos y vi nuevamente aquella foto de los dos cuerpos abrazos.

Pasó el tiempo, y Pedro Guerra, el genial cantautor canario, se sacó de la manga una magnífica canción titulada 5.000 años, incluida en su disco “Vidas”, el cual recomiendo a todos los lectores. La canción hace referencia directa a los amantes abrazados, una gran balada.

Hace unos días, un amigo me envió vía correo electrónico esa misma fotografía, con la intención de que escribiera un poema para regalárselo, junto con la foto, a su pareja, que al parecer, lo había dejado a causa de varias discusiones. Bueno, ya saben, lo que pasa en las parejas, las crisis y demás. Me gustó la idea y le escribí el poema, ocho versos hablando del Amor ¿eterno? y de la Muerte eterna.
Esta mañana iba yo a comprar el pan y me encontré a mi amigo, enseguida me dio la mano y me contó que él y su pareja habían vuelto a estar juntos.
No creo que fuera gracias a mi poesía, pero sí pienso que la foto de los “neolíticos” tiene una fuerte carga emocional. Las mujeres saben captar esas emociones y saben descifrar perfectamente el mensaje que oculta.
Creo que todos quisiéramos morir así, abrazados a la persona que queremos, un abrazo eterno, infinito, como la noche que nos espera. ¿Se lo imaginan?, y que dentro de 5.000 años otro equipo de arqueólogos descubra nuestra tumba y nos encuentren abrazados aún.

Miguel Ángel Rincón Peña.