14 may. 2010

AQUELLOS MARAVILLOSOS OCHENTA

En algún que otro artículo he comentado que suelo colarme por las llamadas redes sociales que pululan por Internet, con la intención de leer lo que piensan los internautas, y para qué nos vamos a engañar, la mayoría de las veces son pequeñas chorradas adolescentes queriendo mostrar un determinado estado de ánimo. Sin duda es una manera de expresión con la que antes no contábamos.

En una de esas redes, pude encontrar una interesante opinión a modo de reflexión de una amiga, en la cual expresaba su añoranza por los años ochenta. Se centraba, entre otras cosas, en la música Pop. En aquel boom cultural que supuso “la movida” y en todos los grupos que salieron de ahí y de otros muchos que fueron surgiendo en esa década.

Lucía (maestra y sin embargo amiga e internauta), también recuerda en su red social aquellas tardes viendo Barrio Sésamo, con Espinete y don Pimpón y sus aventuras. Las mañanas de sábado viendo La bola de cristal (aún estoy esperando que alguna televisión sea capaz de realizar un programa que le llegue siquiera a la suelas de los zapatos al que presentaba Alaska en sus tiempos mozos.). La verdad es que La bola de cristal se merece un artículo aparte para hablar de todo lo que supuso. Un programa que trataba a los niños como personas y no como extraterrestres. Aún recuerdo al gran Santiago Auserón o a Kiko Veneno disfrazado del monstruo de Frankenstein.

Lucía no está equivocada en sus añoranzas, forma parte de esa gran corriente que opina que la música que se hacía antes era mejor que la que se hace ahora. Era música fresca. Radio Futura, Los Secretos, Loquillo, Gabinete Caligali, Los Rebeldes, La Frontera, La Guardia, 091, etc. Muchos de estos grupos aún siguen haciendo música y recorriendo carreteras.

En la actualidad también se hace muy buena música, como en todas las épocas, pero el problema es que la industria no apoya como es debido a los nuevos grupos, prefieren apostar sobre seguro y diseñar un producto rentable, cantantes y grupos prefabricados y Pop enlatado con fecha de caducidad.

Cada época tiene sus cosas buenas y malas, la cuestión es saber quedarse con lo positivo y para ello hay que saber separar el grano de la paja.

Miguel Ángel Rincón Peña