28 may. 2010

TELEVISIÓN EDUCATIVA

La semana pasada hice un experimento sociológico en mis propias carnes, me propuse ver la tele todos los días y tragarme la programación, y no se pueden imaginar con que mal cuerpo me quedé. Resulta que la “musa” televisiva del momento es una señora que por casarse con un torero se ha convertido en todo un icono en la televisión de este país. Sí, me refiero a Belén Esteban, más conocida como “la Esteban”. Esta mujer, que habla por los codos, se ha ganado un sitio en los programas de cotilleo y hasta es capaz de ganar concursos de baile, ahí es nada.
La calidad de la tele, por lo general, es dudosa, solamente con echar un vistazo a la parrilla televisiva se da uno cuenta de la clase de Televisión que tenemos.

Al Gobierno le viene muy bien esta telebasura, porque entretiene y distrae a la gente, los aliena de una manera perfecta para que no pensemos en otras cosas mucho más importante. Así que entre el Fútbol y la Televisión la gente está controlada. Como se suele decir, “pan y circo para el Pueblo”.

Pero no solamente se hace telebasura en los programas de cotilleo, sino que en los de política también. Prueben ustedes a poner el canal Intereconomía, yo lo hice y tuve pesadillas por la noche. Cómo se puede tergiversar y falsear de esa manera, cómo se puede mentir descaradamente al público en interés de unas determinadas posturas políticas, en el caso de esa cadena, posturas peligrosamente derechistas. Pero el otro bando, el llamado “socialista” , también tiene sus cadenas afines. Prueben a poner La Sexta o Cuatro a la hora de los informativos y verán. Por lo tanto, en la televisión no existe una información veraz e independiente, sino todo lo contrario.

Pues lo que les contaba, que entre los programas de alcahueterías y la información sesgada o exagerada según quién la cuente, y varias cosas más, pocos son los programas de la tele que se salvan. Al final coincido con el gran Groucho Marx cuando decía eso de: Considero la televisión muy educativa, en cuanto alguien la enciende me voy a leer un libro. Pues eso.

Miguel Ángel Rincón Peña