13 ago. 2010

ESCRITORES MALDITOS

Cuando leemos un libro, generalmente, no nos damos cuenta que algunos de nuestros escritores favoritos, y muchos otros desconocidos, a parte de esa vida pública que más o menos conocemos, tienen otra oculta de la que la mayoría de la gente no está al tanto.
Este es el caso de insignes autores como el gran Edgar A. Poe, H. P. Lovecraft, Charles Baudelaire o Arthur Rimbaud entre otros muchos. Genios sin duda, pero también personas que cayeron en terribles depresiones, que sufrieron infernales pesadillas, que se desdoblaron para alcanzar un conocimiento oculto, que vivieron y murieron, en la mayoría de los casos, en la miseria y el olvido. Pero qué sería de la literatura sin estos genios malditos, qué sería sin sus escenarios de dolor, sin esos ambientes oníricos, sin el terror y el agobio que desprenden sus obras, en definitiva, sin sus prodigiosos talentos. Ellos fueron escribanos transcriptores de otros mundos que, sin duda, siguen estando en éste. Estos hombres fueron unos adelantados a su tiempo, sabios que pudieron comprobar, con tristeza y a veces con rabia, que sus contemporáneos no supiesen valorar sus grandes obras en vida.
En estos días, cuando aprieta el calor y las tardes se hacen imposibles, he estado releyendo algunos libros de Lovecraft, Poe, Sade, y sobre todo de Baudelaire. En sus relatos, en sus cuentos, en sus versos, se puede vislumbrar algunas de sus ansiedades, sus miedos, sus grandezas y sus miserias.
Fueron escritores que preferían la oscura noche al brillante día, que gustaban de vivir una vida imaginaria llena de espíritus, monstruos, hadas, infiernos, etc., antes que la vida real, siempre tan rutinaria e indiferente. La bebida y las drogas, básicamente, son una prueba inequívoca de la desesperación en que vivían estos genios.
Me llevaría mucho tiempo y mucho espacio hacer referencia de todos esos escritores calificados de “malditos”, se me quedan en el tintero, nombres de la relevancia de Theophile Gautier, R. M. Rilke, William Blake, o el sevillano Gustavo Adolfo Bécquer. Sirva este artículo para animar a la lectura de estos grandes autores. Sumérjanse en sus obras para sofocar estas temperaturas.

Miguel Ángel Rincón Peña


Nota: Artículo adaptado del publicado por Miguel A. Rincón en el nº 79 de la revista Misterios y fenómenos extraños (octubre 2007)