19 ago. 2010

FRONTERAS

Se imaginan ustedes que al fin, el ser humano adquiera la madurez necesaria para alcanzar la conciencia suficiente y, conseguir así, la igualdad entre todos los hombres y mujeres del planeta. Que lo que importe sea la fraternidad entre los pueblos del Mundo por encima del dinero y del poder. Quizá así, se acabe con las guerras, con las fronteras, con el racismo, con el hambre y la desigualdad y con todas esas cosas que degradan al Hombre y lo convierten en un lobo para sí mismo.
Pero hasta que llegue ese utópico momento (si es que llega, pues cada vez creo menos en el ser humano) tendremos que seguir soportando todas las injusticias que nos rodean. Una de esas grandes injusticias lleva sucediendo años, a tan sólo unos kilómetros de nuestras casas, en la frontera de Ceuta y Melilla.
En estos días ha saltado la polémica. Parece ser que el Gobierno marroquí ha denunciado ahora que la Guardia Civil maltrata a los subsaharianos en dichas fronteras. Puede que sea verdad y por ello, desde Rabat tendrán que aportar pruebas de ello. Lo que sí está comprobado, por los testimonios de los médicos y presos saharauis, es que en las cárceles del dictador marroquí se practica la tortura, mientras que los gobiernos occidentales vuelven la cara hacia otro lado.
Es indignante ver a los políticos y poderes mediáticos de “las Españas“, pedir la liberación de los presos cubanos y lanzar encendidos ataques contra el Gobierno de Cuba, mientras a unos cuantos kilómetros de aquí, se está torturando, maltratando y oprimiendo a un pueblo, el Saharaui. Será que el Rey marroquí es amiguito del Rey español y no interesa crear conflictos de ese tipo. Y para que todo este embrollo de guardias civiles, de reyes, de fronteras, de subsaharianos, etc., sea como un guión de Mariano Ozores, aparece en la escena José María Aznar. Resulta que este sujeto, mientras fue presidente del Gobierno de España, no visitó ni una sola vez Melilla. Qué curioso que ahora, en medio de la polémica fronteriza, decida visitar la ciudad autónoma.
En fin, me despido con una reflexión: “Las fronteras no sólo dividen los territorios sino también las personas”.

Miguel Ángel Rincón Peña