11 nov. 2010

EL VICARIO DE ROMA

Hace unos días, España ha tenido el gozo de recibir al Vicario de Cristo en la Tierra, su Santidad el Papa Benedicto XVI.
El sucesor de San Pedro se paseó por las calles de Barcelona y Santiago de Compostela. Los fieles tuvieron la oportunidad de saludar a Benedicto XVI, que viajaba en su blindado Papamóvil. El Santo Padre fue recibido y acompañado por los Reyes de España y por políticos afines. A pesar de que este país, se supone que es aconfesional, la visita del Papa a tierras ibéricas nos costó a todos más de tres millones de euros. Pero, qué son tres millones de euros para un país como el nuestro, con cuatro millones de parados, con millones de trabajadores en precario, con una reforma laboral indecente, con las pensiones más bajas de Europa, etc. Parece mentira que se despilfarre ese dinero mientras por otro lado, se le pide a los ciudadanos que se aprieten el cinturón. Qué desvergüenza.
Y todos esos millones y todo ese despliegue de medios técnicos y humanos, para recibir a un Papa que cuando joven militó en las juventudes hitlerianas, un Papa retrogrado a más no poder, que no duda en atacar a los homosexuales mientras protege a sus curas pederastas.
Yo que no soy católico, ni apostólico y mucho menos romano, estoy muy de acuerdo con un tal Karl Marx, cuando afirmó que la Religión es el opio del Pueblo. Y el centro de operaciones de ese “opio” es el Vaticano. Buen negocio tienen allí montado los jerarcas de la curia romana.
Antes de acabar con este artículo, me gustaría recordar y homenajear desde esta humilde columna, al Pueblo saharahui, que en estos días está sufriendo los ataques intensivos de la dictadura marroquí. Marruecos está llevando a cabo una campaña de terror contra los saharauis. Todo eso está pasando bajo la pasividad de la comunidad internacional. Europa y España, concretamente, miran hacia otro lado mientras los saharauis están siendo asesinados, desaparecidos, encarcelados y reprimidos. Será que hay muchos negocios entre España y Marruecos (por no hablar de la amistad del Borbón con el Rey dictador marroquí). Los negocios se traducen en dinero, y el dinero prevalece sobre la vida humana, en este caso, la vida de los saharauis.

Miguel Ángel Rincón Peña