18 abr. 2011

POESÍA MEMORIALISTA

Recordar determinados pasajes de la Historia es siempre recomendable, sobre todo para no repetirlos, aunque ya se sabe que el Hombre es el único animalito que tropieza siempre con la misma piedra. Echar la vista atrás a través de documentos escritos, sonoros o visuales, es un ejercicio muy saludable.

Pero existe un pasaje de nuestra Historia reciente que a más de uno le gustaría borrar de la memoria. Hablo de la Memoria Histórica. Recordar, homenajear y restituir la memoria de unas personas que murieron asesinadas por defender unas ideas.
Afortunadamente existen personas empeñadas en que la Memoria Histórica esté muy presente. Una de esas personas, es amigo mío y acaba de publicar su segundo libro “La hija descalza de la primavera”. Se trata de un poemario, en el cual, se relatan vidas e historias para no olvidar. Poesía memorialista escrita desde el corazón. David Romero Raposo es un poeta muy comprometido con su tiempo y todo un ejemplo a seguir. Sobre él ya escribí cuando salió su primer libro "Tras las Huellas".

Se hace necesario este tipo de poesía y más aún en estos tiempos inciertos en los cuales, la gente (sobre todo la juventud) vive ajena a la Poesía, a la Memoria Histórica y a cualquier cosa que requiera algún tipo de compromiso. Nunca me gusta generalizar, pero es que sólo tiene uno que salir a la calle para ver las prioridades de esta sociedad: Fútbol, Pop enlatado al vacío, telebasura, consumismo, botellón y poco más. Nadie se quiere mojar.

Los políticos tampoco se quieren mojar en este tema, y se sacaron de la manga una Ley de Memoria Histórica que es una traición en toda regla. El PSOE tiene una idea de la Memoria Histórica demasiado Light, quieren pasar de puntillas sin hacer demasiado ruido. Además, se ha creado en torno al asunto memorialista una red de auténticos profesionales del tema que van con la mano por delante buscando negocio. Oportunistas que se suben al carro de la Memoria. No es ese el caso de personas como David Romero, un poeta utópico de los que ya casi no quedan, que no duda en hacerse cientos de kilómetros para regalar su poesía allá dónde la necesiten. Sin cobrar ni dietas ni kilometrajes, esa es la verdadera militancia memorialista. Poesía para el Pueblo, voz para los silenciados.

Miguel Ángel Rincón Peña