20 dic. 2012

FEÉRICOS #5

Dentro del Pueblo Feérico, se encuentran los llamados Seres Elementales. Entre los más conocidos están los Rudimes, los Unites y los Minutes. Cada uno de ellos tiene sus propias características, por ejemplo, los Rudimes suelen medir unos 2,5 cm. de altura, trabajan en grupos y se mueven constantemente, logrando con su movimiento aumentar la frecuencia vibratoria de los vegetales. Los Unites miden alrededor de los 3 cm. Tienen un mayor nivel de conciencia que los Rudimes y viven en parejas. Los Minutes no superan las 2 pulgadas. Adoran a las hadas y trabajan para ellas. 
Se dice que son seres que transmiten buena suerte y bienestar a los humanos. Para ello, antaño se realizaban una serie de rituales para obtener sus favores: Enterrar tres monedas doradas en el jardín o en una maceta, colocar en la ventana una copita de miel (la miel les encanta), atraerlos con helechos y palmeras (sus plantas preferidas), etc. Estos pequeños seres son muy recelosos con los humanos y sólo se acercan a niños de edad muy temprana. Suelen jugar con ellos y cantarles canciones. 
Una noche, estaban Stágoros (protector de las plantas) y Jurry (protector de los niños) dando un paseo por los límites del bosque, los Rudimes no suelen alejarse demasiado del grupo, pero esa tarde iban cantando tan entusiasmadamente que, cuando se dieron cuenta estaban a las afueras del pueblo. Stágoros y Jurry decidieron volver antes de que se hiciera de día, pero justo en ese momento escucharon el llanto de un niño en una de las primeras casas. La luz de la ventana estaba encendida. Jurry sintió curiosidad y se acercaron. Escalaron a un árbol cercano y desde allí vieron un bebe llorando, y junto a él, a sus padres y al médico del pueblo. El doctor no le daba esperanza de vida a aquel bebé, no más de un par de días, y así se lo explicó a los afligidos padres. Jurry y Stágoros se pusieron manos a la obra y corrieron al bosque en busca de las plantas mágicas que cultivan los Elfos. A la noche siguiente volvieron a la casa y entraron por la ventana. Una vez dentro de la cuna, frotaron todo el cuerpo del niño con aquellas plantas. Repitieron esas friegas todas las noches durante varias semanas. Al poco tiempo, la mejoría del bebé se hizo notable, cosa que los padres achacaron a un milagro. 
Pero los dos Rudimes no se quedaron satisfechos hasta que una de las noches lograron sacarle una sonrisa al bebé, mientras éstos bailaban y cantaban al borde de la cuna.

Miguel Ángel Rincón Peña.