19 sept. 2013

JUSTICIA ARGENTINA

En España, para mucha gente, hablar de crímenes del franquismo es hablar de un tema tabú. Unos dicen que con la transición todo se eximió, algo así como aquello del borrón y cuenta nueva, otros opinan que no está bien reabrir las heridas del pasado. Pero también hay quiénes piensan que esas heridas nunca se cerraron y que olvidar es repetir. 
Lamentablemente, este país tiene una memoria muy frágil, además de selectiva. Ahora que está tan de moda eso de, por poner un ejemplo, acordarse del tratado de Utrecht y pedir a voz en grito la soberanía de Gibraltar, pero sin embargo, se olvida (intencionadamente o no) reivindicar la legalidad republicana y la reparación de las víctimas de la dictadura franquista. Una dictadura que asesinó, torturó, encarceló y mantuvo al pueblo español bajo la asfixiante opresión de una bota militar. 
En todos estos años de “democracia”, no se ha movido un solo dedo por investigar y juzgar a los criminales que durante el franquismo disfrutaron de patente de corso. Todo lo contrario, a más de uno incluso se les condecoró y homenajeó. 
Pues resulta, que después de casi cuarenta años de la muerte de ese sátrapa llamado Francisco Franco, una jueza argentina ha dado los primeros pasos para que la impunidad del régimen dictatorial empiece a tambalearse, y ha dictado cuatro órdenes de detención internacional (vía Interpol) contra cuatro torturadores franquistas: tres miembros de la Brigada Político y Social de la dictadura (Juan Antonio González, Celso Galván y Giralte González) y contra un ex guardia civil (Jesús Muñecas).
Que tengan que abrir un caso en Argentina para juzgar los crímenes del franquismo mientras en España llevan desde la transición lavándose las manos, es para que se nos caiga la cara de vergüenza, si es que aún queda algo de vergüenza en este país. 
 Puede parecer increíble, pero al menos 88.000 víctimas del franquismo continúan sepultadas en fosas comunes. España ocupa el segundo lugar del mundo en número de fosas clandestinas, sólo por detrás de Camboya. Cómo podemos llamarnos demócratas, si tenemos las cunetas llenas de personas asesinadas, si los torturadores y asesinos siguen tranquilamente en la calle, si aún existe miedo a hablar de “estas cosas”. 
Veremos cómo avanzan las investigaciones y esperemos que empiecen a dar sus frutos muy pronto. 

Miguel Ángel Rincón Peña