29 jul. 2010

BYE, BYE, TORERO...

Era de esperar, al final se cumplieron los pronósticos y ha saltado la gran polémica. Toros sí, toros no. Ayer, el Parlamento de Cataluña decidió prohibir las corridas de toros en todo el territorio catalán. Todos los aficionados, ganaderos, toreros y demás personas ligadas a la denominada “fiesta nacional”, han montado en cólera por esta decisión de los parlamentarios de prohibir lo que para algunos es Arte, Cultura y seña de identidad española y para otros simplemente maltrato, tortura y violencia hacia un animal, en este caso, el toro.
Pero Cataluña no es la primera comunidad autónoma que prohíbe las corridas de toros, ya en 1991, Canarias, fue la pionera en legislar sobre este asunto con la Ley Canaria de Protección de Animales, que descartaba los espectáculos sangrientos con animales.

Los aficionados taurinos aseguran que el toro no sufre en la plaza, que el toro ha nacido para eso y no tiene otra función que la de ser lidiado en el albero y el de divertir al público asistente. Sin embargo, el sector antitaurino, defiende la teoría de que el toro es un animal, como el Hombre, y que por lo tanto siente y sufre como el que más. Yo, particularmente siempre he opinado que los animales no deben de servir como entretenimiento ni como diversión para el Hombre. No soporto a la gente que defiende la violencia gratuita en cualquiera de sus diferentes formatos. Al igual que se prohíbe ahora el lamentable espectáculo de las corridas de toros, también se debería legislar la utilización de animales en los circos y en otros espectáculos donde los animales son utilizados como diversión, con el maltrato animal que en la mayoría de los casos conlleva.

Comprendo que, y siguiendo con el tema taurino, haya quienes echen de menos ir a las plazas a ver como un tipo vestido de no se sabe qué, marea a un toro, maltratándolo hasta su muerte. Yo recomendaría a esas personas, que no se preocupen, que en vez de a los toros vayan al teatro o al cine, y si esos espectáculos les aburren, prueben con el fútbol, que ahí no se maltrata a nadie (bueno, a veces al árbitro).

Miguel Ángel Rincón Peña