23 sept. 2010

UFO

Lo que les voy a contar es totalmente cierto. Un buen amigo mío me lo relató con pelos y señales hace unas semanas. Durante todo ese tiempo, he estado planteándome escribir sobre ello o no. Normalmente la gente no suele hacerle mucho caso a estas cuestiones, incluso yo suelo ser muy escéptico en materias misteriosas, pero hay veces que uno se tiene que rendir ante la evidencia.
Sucede que el otro día, me llama un amigo y me dice que quiere que quedemos para vernos, pues tiene algo que comentarme. Al par de horas estábamos en la terraza de un bar con dos rubias en la mesa. Entonces mi amigo (pongamos que se llama Manolo) me sorprendió contándome lo que ahora les relato:
Manolo trabaja de camarero en un pueblo cercano. Volvía por la carretera de madrugada. No había Luna, estaba nublado y la carretera solitaria. Tras una de las curvas Manolo pudo ver una luz muy fuerte en medio de la carretera, en seguida pensó que sería un accidente y se acercó disminuyendo la velocidad de su vehículo. Al llegar al sitio, se encontró con algo que no podrá olvidar. Según Manolo, en la carretera se encontraba una especie de “cosa” redonda y metalizada bastante sospechosa. Mi amigo intentó arrancar el coche y ahuecar el ala lo antes posible, pero el coche no respondió, entonces aquella nave circular empezó a abrirse por uno de los laterales. Eso es lo último que Manolo recuerda. Cuando despertó se encontró en su cama, miró su reloj y habían pasado 2 horas y 25 minutos. Qué pasó en ese espacio de tiempo. Cómo llegó Manolo a su cama. Esas son cuestiones que se nos escapan y que no podemos llegar a comprender por mucho que queramos, sobre todo si no somos nosotros los protagonistas.
Una de las cosas que más me impactó, fueron las pruebas físicas que mi amigo me enseñó. Tenía en el interior de la boca varias llagas bastante importantes, también tenía unas pequeñas quemaduras tras las orejas. Desde entonces tiene frecuentes dolores de cabeza. Actualmente, Manolo está de baja por depresión, tiene pesadillas y un poco de paranoia cuando camina por la calle. Desde aquella noche no ha vuelto a conducir un coche. ¿Realidad o ficción? pues quién sabe.

Miguel Ángel Rincón Peña