17 ene. 2013

FEÉRICOS #9

Quizá una de las historias que más me impactó, fue la de Arethusa, Breena y Dulcina. Tres Ninfas del bosque que vivieron hace muchos años y que aún los habitantes mágicos del lugar recuerdan. Arethusa tenía una larga melena rubia y se pasaba las horas componiendo y cantando canciones. Breena tenía el pelo azul eléctrico, como el universo, y siempre estaba creando nuevas pociones. Dulcina lucía el rojo del fuego en sus ondulados cabellos y le encantaba espiar a los humanos que merodeaban por el bosque. 
Allá por mediados del siglo XIX, estas tres Ninfas salieron a dar un paseo siguiendo el cauce del río, como solían hacer frecuentemente en los días soleados. Por el camino, acostumbraban a acompañarlas multitud de mariposas. Cuando llegaron a una pequeña explanada, se sentaron a descansar sobre la hierba. Al poco tiempo de estar allí sentadas observaron cómo las mariposas se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Algo iba mal. Las tres se levantaron para volver al camino y regresar pero, cuando elevaron la vista, vieron que estaban rodeadas por cuatro Ogros. Aquellas criaturas medían poco más de un metro, estaban cubiertas de pelo y tenían una gran cabeza. Eran de un aspecto horrendo y apestaban a estiércol. Poco a poco fueron acorralándolas hasta que aquellos Ogros quedaron a pocos centímetros de las tres bellas Ninfas. Las ataron con cuerdas y se las llevaron a una cueva en la que se habían instalado las malvadas bestias. Al parecer, estaban de paso por el bosque, se dirigían hacia el norte para reunirse con el resto de la manada. 
Las ninfas, aunque sabían de la existencia de los Ogros, nunca habían visto uno, ya que no suelen vivir en el sur. Se dice que quienes caen en las manos de estas fieras no sobreviven, así que las tres ninfas se temían lo peor. Pasaron toda la noche en la cueva, y a la mañana siguiente, los Ogros obligaron a las Ninfas a que los guiaran hasta el bosque de los feéricos, querían acabar con todos. Siguiendo la senda junto al río, pasaron por un lugar donde el Majaceite forma un pequeño estanque, las tres ninfas se miraron y en un descuido empujaron a los Ogros al agua, pues pensaron que no sabrían nadar y se ahogarían. Y así fue, los ogros no sobrevivieron, pero antes de morir, uno de ellos, el más viejo, lanzó una maldición sobre las Ninfas. Mientras el río fuese río, Arethusa, Breena y Dulcina, formarían parte de él, y las tres se convirtieron, de inmediato, en tres cascadas que daban al estanque. Desde entonces, las tres cascadas son veneradas por todos los seres mágicos del bosque.













Miguel Ángel Rincón Peña