29 nov. 2012

FEÉRICOS #2

Aquella sílfide se llamaba Arienes. Era preciosa, tenía las orejas puntiagudas y el pelo, amarillo, le caía por su espalda. Sus ojos eran oceánicos y extremadamente bellos. Llevaba un vestido semitransparente que le cubría lo justo y necesario. Tenía una voz aterciopelada, transmitía serenidad y dulzura. Su piel y su cabello desprendían un olor a flores. 
Las Sílfides son las señoras del aire y el aire, según contaba Arienes, es el elemento de la inteligencia. También representan la primavera y el alba. Controlan los vientos y se dice que jamás envejecen, aunque los expertos creen que su vida es de 1.000 años, y que luego desaparecen, sin más. 
Arienes y sus compañeras llevaban en el bosque, junto al río Majaceite, unos tres siglos, aproximadamente. Durante todo ese tiempo, han estado observando a los humanos sin que éstos pudieran verlas. Cuenta que en las noches de tormenta, se monta a lomos del viento y recorre las calles del pueblo. A veces se asoma, con mucho cuidado, a la ventana encendida de alguna casa. Le gusta ver a las familias reunidas al calor de la chimenea. Se siente bien haciéndolo. Luego, vuelve al interior del bosque a contar a sus amigos feéricos todo lo que ha visto y oído en el pueblo. 
Una vez, hace ya varios años, estaba Arienes jugando con las mariposas, a orillas del río y, de repente, se tropezó con un perro, tras el perro iba un apuesto muchacho. Arienes no supo cómo reaccionar ante tal sorpresa y se quedó inmóvil. El muchacho, al verla en todo su esplendor, cayó fulminado al suelo. El desmayo le duró unos minutos, tiempo más que suficiente para que la bella sílfide desapareciera sin dejar rastro alguno. 
El encuentro sucedió al alba, así que el muchacho supuso que aquella visión fue fruto de su soñolencia. 
Desde entonces, todos los días, al alba, el apuesto muchacho pasea con su perro por aquella parte del río con la esperanza de volver a verla. También Arienes, a la misma hora, se esconde entre los árboles para observar a aquel hombre. Él, cada año envejece un poco más, ella, a pesar del transcurrir del tiempo, sigue igual de joven. Más de una vez, Arienes tuvo la tentación de dejarse ver por los ojos del muchacho, pero de qué serviría hacerlo. El amor entre una sílfide y un humano, sería del todo imposible. 
Así que, Arienes perdió un amor, y el muchacho ganó un hada protectora.


Miguel Ángel Rincón Peña