15 nov. 2012

SATURADOS

El miércoles estuve en Cádiz, durante el camino de ida me cayó el diluvio, aunque eso no es ningún obstáculo para mí, pues me gusta conducir lloviendo. Con una música adecuada y una velocidad moderada, es muy relajante (siempre que no se cruce en la carretera ningún kamikaze). Cuando llegué a la “tacita de plata”, tuve que acceder a un parking porque era prácticamente imposible encontrar aparcamiento en la calle.
Tras terminar con los asuntos que me habían llevado a Cádiz, me dirigí al paseo marítimo, no hay nada mejor que pasear, paraguas en mano, viendo el mar agitarse por la tormenta. A esas horas de la tarde y lloviendo hay muy poca gente paseando. A veces es necesaria y se agradece esa tranquilidad. Aproveché que llevaba en mi mochila un libro de poesía y me senté frente al mar a leerlo (cualquiera que me viera diría que estoy mal de la azotea). Los versos de Rafael Alberti nunca defraudan y si su lectura es junto al mar muchísimo mejor.
Pues como decía, ratitos así se agradecen, porque uno ya está bastante saturado con tanto ruido.
Si se enciende la tele: malas noticias (y programas basura). Si ponemos la radio: malas noticias (y radio-fórmula por un tubo). Si abrimos el periódico: malas noticias (y el Madrid-Barça).
La última mala noticia de la semana ha sido el suicidio de un hombre en el patio de su vivienda, horas antes de que llegase la Policía Nacional para ejecutar el embargo de su casa en Granada. Es una pena que se le de más importancia a una deuda que a una vida humana. Pero ya saben, la pasta es la pasta y la Banca siempre gana.
Mientras los Bancos usureros echan a los ciudadanos de sus casas y comenten tropelías de todo tipo, nuestro glorioso Gobierno, representado por nuestro gran líder Mariano, subvenciona con millones de euros a esos mismos Bancos.
Y qué decir de nuestro insigne monarca, que se va a la India y dice que las medidas de Rajoy comienzan a "dar frutos". Pues será para él, porque para el resto de nosotros los frutos que está dando la política de recortes de Mariano dejan mucho que desear.
Todo ese ruido es del que hay que desengancharse cómo sea. La lectura es una buena manera de hacerlo, el mar también. Cuídense.

Miguel Ángel Rincón Peña